La
contrapublicidad es una
crítica de la publicidad
realizada mediante la alteración de los contenidos de sus mensajes. En inglés
se conoce con el nombre de «subvertising», resultado de la
fusión de las palabras «subvert» (‘subvertir) y «advertising»
(‘publicidad’). De este juego de
palabras se entiende que la contrapublicidad consiste en subvertir, es decir,
trastornar, revolver y destruir la publicidad. La contrapublicidad se apodera
de las técnicas publicitarias para invertir los significados de los mensajes
comerciales.
Es
difícil delimitar el término «contrapublicidad» ya que agrupa un
movimiento muy heterogéneo. La web subvertise.org
daba una famosa definición de contrapublicidad:
La pintada en la pared, la pegatina en
la farola, la frase modificada de una valla publicitaria, la
camiseta-parodia... La clave está en la redefinición y reconquista de nuestro
entorno arrancándolo de las manos de las grandes empresas.
Por
otra parte, Naomi Klein,
en su best-seller No Logo, utiliza el
concepto de «piratería publicitaria»:
Aquellos
que parodian anuncios y asaltan vallas callejeras para desvelar la verdad profunda oculta tras los eufemismos
publicitarios. Se mezclan el graffiti, el arte moderno, el bricolaje punky y el
espíritu bromista
La
revista contrapublicitaria Malababa afirma que:
Hoy, la contrapublicitad es una
herramienta de resistencia y lucha contra los discursos y los abusos de las
fuerzas de poder dominantes, contra los intereses de las grandes corporaciones,
que se apropian y comercializan el espacio público, y contra las formas y
dimensiones que adquiere la publicitas en una sociedad saturada de consumo y
valores mercantilistas.

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